Humo
–¿Tenés fuego?
Metí la mano congelada en el bolsillo del abrigo para buscar el encendedor. Su nariz era una chimenea mientras se prendía el pucho. El viento gélido hacía que el tabaco se resista. Cuando me devolvió el fuego prendí mi cigarrillo.
Nos quedamos un rato callados antes de que me animara a romper el silencio.
–No sabía que habías vuelto a fumar– le dije, un poco juzgándolo.
–Solo cuando salgo y me tomo algunas birras de más.
Unas birras de más. Unas varias birras de más. Siempre que Tomás salía y bebía y fumaba, se ponía un poco intenso. La última vez que nos vimos había sido varios meses atrás, también una noche, también con unas birras de más.
–Te acordás de esa noche, ¿verdad?
Se quedó callado mientras inhalaba fuego. No me miró a la cara. No me respondió. Así que insistí.
–Te acordás de que también te habías pasado un poco de alcohol y te despertaste con Mica. Ella no paraba de llorar al día siguiente. Vos desapareciste. Lo último que me dijiste esa noche fue que te arrepentías de todo y que no ibas a tomar más. Y acá estamos.
Siguió sin responder. Los dos seguimos fumando.
–Tomi, como tus amigos estamos preocupados por vos. Ya no te vemos nunca, te re cortaste. No podés desaparecer así.
Unos ojos rojos me miraban detrás del humo.
–Es que no puedo verle la cara a Mica– me dijo. Todos pensábamos que iba por ahí la cosa. Era un tema delicado.
–Tomi, Mica tampoco puede verte a vos. Se despertó una mañana en una cama con vos, sin acordarse de cómo...
–Basta, ya se cómo fue la historia– me cortó en seco.
No quería hablar del tema. Supuestamente él tampoco se acordaba mucho de esa noche. Ninguno de los dos sabe cómo terminaron en esa cama en ese telo. Ninguno de los dos se volvió a hablar después de eso. El resto, sabemos poco y nada.
–Pero Tomi, vos entendés que mínimo lo tienen que poder charlar para dejar las cosas claras. Son muchos años de amistad tirados al tacho por una noche que se pasaron de birras.
–Pasame el fuego– fue lo único que dijo. Prendió un último pucho y se largó a caminar, sin devolverme el encendedor. Y no lo volvimos a ver desde esa noche.

